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Ideas de regalo

Diez regalos para quien no quiere ni oír hablar de pantallas

Nada que instalar, nada que cargar, ninguna contraseña. Y una pregunta sencilla que te ahorra el aparato que acaba en el cajón.

EPor El equipo de La llamada de su vida · 6 de octubre de 2026

Diez regalos para quien no quiere ni oír hablar de pantallas

Los mejores regalos para personas mayores sin tecnología son los que funcionan el primer día sin que nadie explique nada: una radio de rueda, un fijo con teclas grandes, cartas por correo, libros de letra grande, un abono de teatro o un cuaderno con su propia vida. Antes de comprar cualquier aparato, pregúntate si lo usará mañana, a solas.

La pregunta que conviene hacerse antes de comprar cualquier aparato

Casi todas las familias tienen uno guardado en algún cajón. La tableta que se compró «para que vea a los nietos», el marco de fotos que dejó de cambiar las fotos en febrero, el reloj que cuenta pasos y que nadie ha vuelto a cargar. No eran malos regalos. Eran regalos que necesitaban a alguien al lado.

La pregunta es esta: ¿lo va a poder usar mañana por la mañana, solo o sola, sin llamarte?

Si la respuesta es que sí, adelante. Si la respuesta es «bueno, cuando vaya el domingo se lo configuro», ese regalo no es para él o para ella. Es una tarea para ti, y una pequeña dependencia para quien lo recibe.

Conviene decirlo con respeto: muchas personas de setenta y ochenta años manejan el móvil mejor que sus hijos. Este artículo no va de lo que alguien puede o no puede aprender. Va de quien ha decidido, con todo su derecho, que no le apetece. Y esa decisión merece un regalo que la respete.

Cinco señales de que un regalo no es «sin tecnología» aunque lo parezca

Si el regalo necesitaLo que pasa en la práctica
Wifi o una cuentaEl día que cambia la contraseña del router, deja de funcionar
Una aplicación en otro móvilDepende de que alguien de la familia la tenga al día
Cargarse cada pocos díasSe descarga una vez y se queda en un cajón
Menús en pantallaUn botón mal pulsado y ya no sabe volver
ActualizacionesCambia de aspecto sin avisar y parece otro aparato

Si el regalo que tienes en la cabeza cumple dos de estas cinco, búscale alternativa. Las diez de abajo no cumplen ninguna.

Diez regalos que funcionan sin manual

1. Una radio buena, de rueda y botones

Una radio de las de toda la vida: rueda para buscar la emisora, otra para el volumen, un botón para encender. Que suene bien, que se oiga clara la voz y que funcione enchufada, sin pilas que se gasten en mitad del parte.

La radio acompaña sin pedir nada. El programa de la mañana, el fútbol del domingo, la emisora local con las noticias del pueblo. Si la que tiene suena mal o se le va la emisora, una buena es un regalo que se usa todos los días durante años. Un consejo: déjasela ya sintonizada en su emisora de siempre.

2. El teléfono fijo con teclas grandes y las caras de la familia

Hay teléfonos fijos con teclas grandes y unas cuantas teclas de memoria donde se pone una foto pequeña: la cara de la hija, la del hijo, la del vecino de confianza. Se pulsa la foto y llama.

Lo configuras tú una vez, el día que se lo llevas, y no hay que volver a tocarlo. Sin menús, sin pantalla táctil. Para quien vive pegado a su fijo de siempre, es el mismo gesto de toda la vida con menos números que recordar.

3. Una carta al mes, por correo de papel

Este regalo cuesta un sello. Os comprometéis (tú, los nietos, los sobrinos) a que llegue una carta al mes a su buzón. Una cuartilla escrita a mano, un dibujo de los pequeños, una foto impresa con dos líneas detrás.

Abrir el buzón y encontrar algo que no sea una factura se ha vuelto raro. Para muchas personas mayores, que escribieron cartas durante la mili, a la novia o a la familia que emigró a Alemania, una carta sigue teniendo un peso que un mensaje no tiene. Y es probable que conteste. Guarda esas respuestas.

Para que no se quede en una buena intención, haz un calendario: enero le toca a uno, febrero a otro. Envuélvelo con la primera carta ya escrita.

4. Libros y pasatiempos en letra grande

Muchas editoriales publican novelas, crucigramas y sopas de letras en letra grande, con más espacio entre líneas y papel que no brilla. Para quien ha dejado de leer porque se cansa la vista, es la diferencia entre volver a terminar un libro o no.

Acierta con el tema: la novela del autor que le gustaba de joven o un libro sobre la historia de su comarca. Si no sabes qué lee, mira su estantería antes.

5. Una lámpara de lectura y una lupa con luz

Este es el menos vistoso de los diez y de los que más se usan. Una lámpara de pie o de mesa con luz blanca y fuerte, justo encima de la butaca donde lee, cose o hace los crucigramas. Y una lupa con luz para las letras pequeñas: los prospectos, las facturas, las etiquetas del supermercado.

No hay nada que aprender. Se enciende con un interruptor. Y resuelve algo que, a partir de cierta edad, se nota cada tarde a las seis.

6. Un calendario de pared hecho por la familia

Un calendario grande, de los que se cuelgan en la cocina, con una foto de la familia por mes y todos los cumpleaños y aniversarios ya apuntados. Lo haces en una imprenta de barrio o en una tienda de fotos con las fotos que reúnas.

Sirve para ver las caras de los suyos cada día, no olvidar ningún cumpleaños y apuntar las citas del médico donde todos las ven.

7. Un abono de teatro, zarzuela o cine de tarde, con acompañante

Muchos teatros y cines tienen sesiones de tarde y descuentos para mayores. El regalo no es la entrada: es el abono de varias funciones, con fechas ya puestas, y la persona que le acompaña a cada una.

Organízalo entero: quién le recoge, a qué hora, dónde se merienda después. Sin entradas en el móvil ni códigos que enseñar en la puerta: imprímelas y déjaselas en un sobre.

8. Un balcón con vida

Unas jardineras, tierra buena, plantas aromáticas o geranios, y la tarde que dediques a dejarlo montado. Si tuvo huerto en el pueblo o patio en la casa de antes, sabrá más que tú de todo esto, y esa es la gracia: el regalo le devuelve algo que sabe hacer.

Le da una tarea diaria, un motivo para salir al balcón por la mañana y conversación para cuando llames: si han salido los tomates, si ha florecido el jazmín.

9. La baraja, el dominó y una tarde fija para jugar

Una baraja española nueva, un dominó de fichas grandes, un parchís de los de madera. Y lo importante: una tarde a la semana o al mes, con día fijo, para jugar con él o con ella.

Al tute, a la brisca o al cinquillo se juega hablando. Entre mano y mano salen las partidas de la mili, el bar donde se jugaba antes y quién hacía trampas. Si hay nietos, enséñales a jugar con quien de verdad sabe.

10. Un cuaderno con su vida, escrito por ti

Un cuaderno bonito, de tapas duras, y la promesa de rellenarlo juntos. Tú escribes, él o ella cuenta. Una tarde por capítulo: de dónde viene la familia, la casa donde nació, la escuela, el primer trabajo, cómo conoció a quien conoció.

Es el regalo más sencillo de la lista y el que más se agradece con los años. Funciona si preguntas por la escena y no por el resumen: «¿qué se oía desde la ventana de tu cuarto?» antes que «¿cómo fue tu infancia?». Y si apuntas siempre los nombres de la gente que aparece, porque son lo primero que se pierde.

Para empezar, tienes una pregunta por capítulo en la guía de las doce preguntas. Si es para alguien que te repite que no le compréis nada, este cuaderno encaja también con lo que contamos en qué regalar a quien dice que no quiere nada.

Cómo elegir entre los diez

Si lo que más le gusta esIdeas que encajan
Estar informado y acompañado en casa1, 2 y 6
Leer y entretenerse a su ritmo4 y 5
Salir y ver gente7 y 9
Hacer cosas con las manos8 y 9
Hablar de los suyos y de su vida3 y 10

Casi ninguno es solo un objeto: la radio va sintonizada, el teatro con acompañante, la baraja con una tarde fija. Tú pones el trabajo de dejarlo listo; él o ella solo tiene que disfrutarlo.

Si prefieres que lo haga Carmen

La idea 10 es la que más cuesta sostener. Una tarde de preguntas sale sola. Doce tardes, con trabajo, niños y kilómetros de por medio, casi nunca. Para eso existe La llamada de su vida.

Carmen, nuestra entrevistadora, es virtual y está creada con inteligencia artificial, y lo dice ella misma en el primer minuto de la primera llamada. Por eso mismo encaja con quien no quiere pantallas: la tecnología la ponemos nosotros, no él ni ella. Carmen le llama doce veces a su teléfono de siempre, fijo o móvil, a la hora que elija, unos treinta o cuarenta minutos cada vez. Sin aplicaciones ni pantallas: solo necesita un teléfono que sepa descolgar. Carmen nunca tiene prisa, recuerda lo que le contó semanas atrás y pregunta por las escenas.

De esas conversaciones escribimos un libro de memorias terminado, en primera persona y contado con su propia voz, con su árbol familiar, la cronología de su vida y los audios originales de cada llamada. Son 247€, una sola vez. Antes de la primera llamada tiene que saberlo y querer, porque nunca llamamos a nadie que no sepa quiénes somos. Y si la primera llamada no le convence, te devolvemos todo.

Tienes cómo se regala, con la tarjeta impresa para el día que elijas, en regalar el libro de su vida.

¿Qué regalar a una persona mayor que no usa el móvil?

Algo que funcione sin pantalla y sin cargador: una radio de rueda, un fijo con teclas grandes y fotos en las memorias, libros en letra grande, una carta al mes por correo o un plan con fecha y acompañante. Pregúntate siempre si lo podrá usar a solas al día siguiente.

¿Un marco de fotos digital es buena idea?

Solo si alguien de la familia se compromete a mantenerlo. Muchos necesitan wifi y una aplicación en otro móvil para recibir fotos nuevas, y cuando eso falla se quedan con la misma foto meses. Un calendario de pared con fotos de la familia da algo parecido sin depender de nadie.

¿Y si quiero que aprenda a usar la tecnología?

Es otro regalo distinto, y puede ser muy bueno si él o ella quiere. Entonces lo que se regala no es el aparato, sino unas clases con alguien paciente que no le diga «trae, ya lo hago yo». Si no tiene ganas, mejor no forzarlo en un regalo.

¿Qué regalo sin tecnología sirve si vivo lejos?

Las cartas por correo, los libros en letra grande, el calendario de la familia y la radio viajan bien por mensajería. Para la conversación, un teléfono basta: una llamada a la semana, con día y hora fijos, con dos o tres preguntas preparadas.

Cómo se regala el libro de su vida

Doce llamadas por teléfono · 247€ · Garantía de devolución

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