
Sí: Carmen, la entrevistadora que llama a tu madre doce veces para escribir sus memorias, es una inteligencia artificial. No lo escondemos. Lo dice ella misma en el primer minuto de la primera llamada, pide permiso para grabar y, si tu madre dice que no, la llamada termina y te devolvemos el dinero. Lo que sigue es la explicación larga.
Este artículo no es para convencerte. Es para que sepas exactamente qué va a pasar cuando suene el teléfono de tu madre, qué hace Carmen, qué no hará nunca y quién está detrás. Con eso, decides tú.
Las dudas que tienes son las buenas
Si has llegado hasta aquí, seguramente te has hecho alguna de estas preguntas. Son las mismas que nos hicimos nosotros antes de llamar a nadie.
- ¿Se va a dar cuenta de que no es una persona? ¿Y si se siente engañada?
- ¿Va a entender lo que dice, con su acento, con sus pausas, con lo que se va por las ramas?
- ¿Y si le pregunta por algo que en casa no se toca?
- ¿Qué pasa con todo lo que cuente? ¿Quién lo escucha?
- ¿Por qué una inteligencia artificial y no una persona?
- ¿Y si no quiere?
Vamos una por una.
La primera regla: se dice siempre
Carmen no se hace pasar por una persona. Lo decimos en la web, lo decimos en el pedido, lo decimos en la llamada de bienvenida que recibes tú antes de que empiece nada, y se lo dice ella a tu madre en el primer minuto de la primera llamada: es una entrevistadora virtual, creada con inteligencia artificial, y está ahí para ayudarla a contar su vida. Con palabras sencillas, sin tecnicismos.
Si a mitad de una conversación tu madre le pregunta «pero tú, ¿eres una persona?», Carmen contesta que no. Las veces que haga falta.
¿Por qué tanta insistencia? Por tres razones. La primera es que un libro construido sobre un engaño no sería suyo. La segunda es que el permiso para grabar tiene que ser un permiso de verdad: solo vale si sabe con quién habla. Y la tercera es la más simple: si fuera una persona, también lo diríamos. No hay ninguna razón para ocultar lo que es.
Qué hace Carmen en cada llamada
Lo que hace es sencillo de contar y difícil de sostener durante doce conversaciones.
Le llama ella. A su fijo o a su móvil de siempre, el día y a la hora que ella haya elegido. Tu madre no tiene que instalar nada, ni apuntarse a nada, ni acordarse de nada: solo necesita un teléfono que sepa descolgar. Si un día no coge, Carmen vuelve a llamar más tarde o al día siguiente.
Trata un capítulo por llamada. De dónde viene, la infancia, la escuela, la juventud, el amor, el trabajo, la boda, los hijos, su época, lo que le gustaba hacer, las pérdidas, los nietos y el presente. Si un capítulo no encaja con su vida, se salta sin que resulte raro. Si falta algo que en vuestra familia importa (la emigración, el negocio, un pueblo), se convierte en capítulo propio.
Pide la escena, no el resumen. No pregunta «¿cómo fue tu infancia?». Pregunta cómo era la casa donde nació y quién dormía en cada habitación. Quién le puso el nombre, y por qué ese. Cómo conoció a tu padre y quién dio el primer paso. Qué canción sonaba el día de la boda. Y cada vez que aparece alguien, pregunta cómo se llamaba: de ahí sale el árbol familiar.
Recuerda. Cada llamada empieza donde se quedó la anterior. Si en la segunda salió una vecina, en la novena Carmen todavía sabe su nombre y puede preguntar por ella. No hay que volver a explicarle nada.
No tiene prisa. Las conversaciones duran unos 30 o 40 minutos, pero si tu madre está en mitad de una historia que necesita veinte minutos más, los tiene. En llamadas reales, la más larga duró 88 minutos, y ha habido quien ha encadenado cuatro capítulos en una sola llamada porque no quería colgar.
Se adapta. Habla con voz clara y pausada. Si tu madre le pide que hable más despacio o más alto, lo hace. Si no ha entendido algo, lo repite.
Cierra bien. Al final resume lo hablado, pregunta si quiere añadir algo y fija la siguiente llamada el día y a la hora que ella diga.
Lo que Carmen no hará nunca
Esta lista es tan importante como la anterior.
- Hacerse pasar por una persona. Ya lo hemos dicho, pero va primero.
- Llamar a tu madre sin que sepa quiénes somos. Nada empieza antes de la llamada de bienvenida contigo, y antes de la primera conversación tu madre tiene que saberlo y querer. Si es un regalo, tú decides cuándo contárselo; sin ese sí, no se marca su número.
- Insistir. Si no quiere hablar de algo, no se habla. Si quiere parar la llamada, se para. Si quiere dejarlo del todo, se deja: la garantía explica qué pasa con el dinero en cada caso.
- Tocar lo que habéis vetado. En el pedido marcáis los temas que no se tocan, y no se tocan.
- Venderle nada. Carmen no ofrece copias, no cobra y no pide ninguna tarjeta ni ningún dato bancario. El pago se hace una sola vez, en la web, contigo.
- Inventar. Lo que tu madre no dijo no está en el libro. Ni una anécdota, ni una fecha, ni un nombre.
- Contarle a nadie lo que le cuenta. Lo que se dice en esas llamadas es de vuestra familia. Más abajo te contamos qué pasa con las grabaciones.
Por qué, para esto, funciona mejor que una persona
Seamos justos: un buen biógrafo tiene oficio, mirada y una libreta llena de preguntas, y cobra en consecuencia. Para lo que hacemos nosotros, doce conversaciones por teléfono con una mujer de setenta y tantos años que nunca ha contado su vida entera, Carmen tiene tres ventajas que a una persona le cuesta sostener.
La primera es que no hay nadie delante. Sin cámara, sin la libreta, sin los nietos en la habitación, la gente cuenta más. Hace pausas, vuelve atrás, llega a la parte que se estaba callando. Hay cosas que se le cuentan a Carmen y no se le contarían a una hija. En por qué una madre cuenta a un desconocido lo que no cuenta a sus hijos lo explicamos con lo que hemos visto en las llamadas.
La segunda es el tiempo. Una persona mira el reloj. Carmen no. Doce llamadas de media hora larga, a la hora que tu madre quiera, sin que nadie tenga que desplazarse ni cuadrar agendas.
La tercera es la memoria. Una persona toma notas; Carmen recuerda cada nombre, cada fecha y cada historia de las llamadas anteriores, y las usa para preguntar mejor en la siguiente.
Y hay una cuarta que no esperábamos: la resistencia inicial dura poco. Lo que vemos casi siempre es que quien dudaba en la primera llamada, en la tercera está esperando junto al teléfono.
Las personas detrás de Carmen
Carmen no está sola. Detrás estamos Gabriel y Eloy, dos hermanos. Esto empezó con nuestra abuela, y con la certeza de que pedirle que escribiera su vida no era una opción. Gabriel ha construido a Carmen y todo lo que hay detrás de cada llamada, y acompaña a cada familia desde la bienvenida hasta el libro. Eloy se ocupa de que el libro sea un libro de verdad, con su voz y su orden. El equipo está en Barcelona, y de Barcelona salen las llamadas.
En la práctica, eso quiere decir tres cosas. Vigilamos que ninguna llamada se pierda. Nos ocupamos de que el libro acabe siendo un libro, no una transcripción. Y estamos al otro lado del correo y del WhatsApp durante todo el proceso: si escribes, te contesta uno de los dos. Más en quiénes somos.
Lo que cuenta es de vuestra familia
Las llamadas se graban y se transcriben por una sola razón: escribir el libro. Carmen lo dice al principio y pregunta si le parece bien; el permiso lo da la persona grabada. Nada se vende, se comparte ni se publica. No se usan las historias para entrenar sistemas de inteligencia artificial. Los derechos son de quien la contó. Y si un día pedís que lo borremos todo, lo borramos. Tenéis el detalle en qué pasa con las grabaciones de las llamadas y en la política de privacidad.
Cómo contárselo a tu madre
Lo más útil que podemos decirte: cuéntaselo con la verdad y en una frase. «Te va a llamar Carmen. Es una entrevistadora hecha con inteligencia artificial, te lo va a decir ella, y va a preguntarte por tu vida, un rato cada día, para hacer un libro con lo que cuentes». Casi nadie pone pegas a eso; lo que da miedo es lo que no se entiende.
Después, tres cosas prácticas. Que elija ella el día y la hora de la primera llamada. Que esté en una habitación tranquila, sin la televisión de fondo: las voces de fondo la confunden. Y que sepa que si no le gusta, se acaba y no pasa nada.
Si quieres prepararla, o prepararte tú, la guía de las 12 preguntas tiene una pregunta por capítulo: son, más o menos, las que Carmen le va a hacer. Leerlas juntas es una buena forma de empezar.
¿Mi madre sabrá que habla con una máquina?
Sí. Carmen lo dice en el primer minuto de la primera llamada, y lo repite si se lo pregunta. Nunca se hace pasar por una persona.
¿Puede confundirse con lo que le cuenta?
Puede no entender algo, y entonces pregunta o pide que lo repita. Y el libro no se cierra sin vosotros: leéis el borrador y corregís todo lo que queráis, con revisión ilimitada. Un nombre mal escrito o una fecha cambiada se arregla ahí. Lo que tu madre no dijo, no se inventa.
¿Y si mi madre no quiere?
No se hace, y no pasa nada. Si lo deja tras la primera o la segunda llamada, te devolvemos el importe íntegro. Los demás casos están en la garantía.
¿Le puede pedir dinero o datos?
Nunca. Carmen no cobra, no vende y no pide tarjetas ni cuentas. El único pago es el que haces tú, una vez, en la web.
¿Habla catalán, gallego o euskera?
Por ahora, solo castellano. Otros idiomas llegarán más adelante.
Cómo trabaja, minuto a minuto · Se presenta siempre