El mejor regalo para el Día de los Abuelos, el 26 de julio en España, no suele ser un objeto: es algo hecho con los nietos, que son quienes regalan. Una tarde de fotos antiguas con nombres por detrás, la receta de la abuela cocinada a cuatro manos, o el libro de su vida contado por teléfono a Carmen.
Antes de elegir
Tres preguntas, sobre todo si el regalo lo organizan los padres de los nietos.
¿Qué les falta de verdad? A los abuelos rara vez les falta algo que se compre. Lo que suele faltar es una tarde entera con los nietos, sin prisa y sin pantallas, y que alguien les pregunte por su vida con más interés que «¿y tú cómo estás?».
¿Cuánto tiempo tenéis? El 26 de julio cae en pleno verano: la mejor época para regalar tiempo. Casi todas las ideas de la lista se hacen en una tarde; la primera necesita unas semanas, y más abajo está el calendario.
¿Lo van a hacer solos o con vosotros? Un regalo que se hace con los nietos vale el doble para un abuelo, pero exige que alguien lo organice: pensad quién se encarga de qué.
Doce ideas para el Día de los Abuelos
1. El libro de su vida, para que los nietos lo lean
Carmen, nuestra entrevistadora, llama por teléfono a tu abuela o a tu abuelo doce veces, a la hora que él o ella elija, y de esas conversaciones escribimos el libro de su vida: de 120 a 200 páginas en primera persona, contado con su propia voz, con el árbol familiar, la cronología y los audios de cada llamada. Sin aplicaciones ni pantallas; el fijo de casa vale.
Por qué es el regalo de los nietos: ellos no saben qué preguntar, y Carmen sí. Cómo era la casa donde nació, quién dormía en cada habitación, quién le puso el nombre y por qué ese, qué le gustaría que sus nietos supieran de ella y nadie les ha contado. Lo que sale de ahí no son las tres historias de todas las comidas, sino el resto.
Lo que conviene saber: cuesta 247€, una sola vez; las copias impresas para cada casa van aparte. El día 26 se le da la tarjeta regalo (se imprime al pagar, con su nombre y vuestra dedicatoria); el libro llega entre tres y cinco semanas después de la primera llamada. Si prefiere no seguir, no lo pagáis: la garantía del libro terminado. Entre primos: uno paga, todos proponen temas y leen el borrador. Cómo es para ella, en la página para tu abuela; cómo es para él, en la de tu abuelo.
2. La tarde de las fotos con nombres
Sacad la caja de fotos antiguas y pasad la tarde preguntando quién es quién. Los nietos escriben por detrás, a lápiz, nombre, lugar y año aproximado. No cuesta nada, y dentro de veinte años alguien lo agradecerá.
3. Su receta, cocinada a cuatro manos
La abuela dicta, los nietos cocinan y alguien apunta cantidades de verdad («un puñado» no vale). Al final, la receta escrita a mano por el nieto, con la fecha, en un cuaderno que se queda en su casa. Con tres o cuatro veranos así sale un recetario de familia.
4. La visita al pueblo con ellos de guías
Un día en el pueblo o el barrio donde se criaron, al revés de lo normal: ellos guían. La casa donde nacieron, la escuela, la plaza donde bailaban, el bar de su padre. Que los nietos hagan fotos de cada sitio y las peguen luego en un mapa.
5. Un día haciendo lo que él hacía
Si el abuelo tenía huerto, un día de huerto. Si pescaba, un día de pesca. Si arreglaba cosas, una tarde arreglando algo con los nietos. Él enseña, que es lo que más le gusta a un abuelo; la pega es adaptarse a su ritmo y a sus horas, no al revés.
6. El tarro de preguntas para las sobremesas
Cada nieto escribe cinco preguntas en papelitos («¿cómo era tu primer trabajo?», «¿qué hacías con tus amigos cuando no os veía nadie?») y se meten en un tarro. Una por comida familiar, y la respuesta se apunta en una libreta. Si os faltan preguntas, las doce de nuestra guía son gratis y están pensadas para eso.
7. Un álbum impreso del último año
Un álbum pequeño, impreso, con las fotos del último año con los nietos y un pie de foto escrito por cada uno. A diferencia del móvil, se deja en la mesita y se enseña a las visitas, que es para lo que un abuelo quiere fotos.
8. Una comida que cocinan los nietos
Los abuelos sentados y los nietos en la cocina (con un adulto de apoyo si son pequeños), con el menú elegido por ellos y una carta escrita a mano al lado del plato. El resultado importa poco; que sirvan ellos importa mucho.
9. El árbol familiar en cartulina
Una cartulina grande, rotuladores y una tarde preguntando: cómo se llamaban tus padres, y los suyos, y de dónde eran. Los nietos dibujan y los abuelos corrigen. Es el mismo trabajo que hace Carmen en las doce llamadas, hecho en casa, y queda colgado en el pasillo.
10. Un cuento grabado con su voz
Que el abuelo o la abuela le cuente un cuento al nieto pequeño, o uno de los suyos, y que alguien lo grabe con el móvil. Guardadlo con nombre y fecha: ese audio, dentro de unos años, no tendrá precio. (Con el libro, os entregamos los audios originales de todas las llamadas: su voz, para siempre.)
11. Entradas para algo suyo, e ir con ellos
El fútbol, la zarzuela, un concierto de su época, el cine de verano. La condición es una: van los nietos con ellos. Pasar la tarde juntos es el regalo más fácil de acertar.
12. Una llamada fija a la semana
Para los nietos que viven lejos: el compromiso, escrito y regalado, de llamar todos los jueves a la misma hora durante un año. Cuesta cero y es, con diferencia, el más difícil de cumplir de toda la lista; por eso vale tanto.
Cómo llega a tiempo
Si os quedáis con el libro, el calendario es este. El pedido se hace en dos minutos, y al pagar tenéis la tarjeta regalo para imprimir. En menos de 24 horas llamamos a quien ha hecho el pedido para fijar la primera conversación; nada empieza antes de esa llamada. Y una condición: la abuela o el abuelo tiene que saberlo y querer antes de que Carmen le llame. Tú decides cuándo contárselo; el 26 de julio, con la tarjeta en la mano, es un buen momento.
Las doce conversaciones suelen hacerse en dos o tres semanas, una al día en la franja que él o ella elija. El libro en digital llega entre tres y cinco semanas después de la primera llamada, y nunca más de tres meses; las copias impresas, dos o tres semanas más. Todo el proceso está en cómo funciona, los números en precios, y el resto de ocasiones en regalar.
Somos varios primos. ¿Cómo lo repartimos?
El libro se paga una sola vez, 247€, y puede pedirlo uno en nombre de todos. Los demás participan igual: proponiendo temas, leyendo el borrador y añadiendo fotos o fechas en la revisión, que no tiene límite. Si cada casa quiere su ejemplar, las copias impresas cuestan 34€ en tapa blanda y 59€ en tapa dura, con envío incluido, y bajan a partir de cinco del mismo formato.
Mi abuela tiene 87 años y solo tiene el fijo de casa. ¿Sirve?
Sirve, y es lo habitual. Carmen llama a un fijo o a un móvil español, habla claro y despacio, y repite o habla más alto si se lo piden. Si un día no coge, se la vuelve a llamar más tarde o al día siguiente, y cada conversación empieza donde se quedó la anterior.
¿Y si mi abuelo dice que él no tiene nada que contar?
Lo dicen muchos, sobre todo los hombres de su generación, y casi siempre pasa lo contrario: con el primer trabajo, el pueblo o la mili se arrancan, y a la tercera llamada están esperando junto al teléfono. Si de verdad no quiere, lo deja tras la primera o la segunda llamada y se devuelve el importe entero.
¿Los nietos pequeños pueden participar en algo?
Sí, de dos maneras: antes de empezar, con las preguntas que quieran que Carmen le haga (se escriben en el pedido), y en la revisión, eligiendo fotos para el pliego del libro y escribiendo los pies. Para los que hoy son pequeños, el libro queda para cuando quieran leerlo.
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