LA LLAMADA de su VIDAEmpezar su libro

Escribir tus memorias

Has terminado tus memorias. ¿Y ahora qué hago con ellas?

Cinco sitios donde puede acabar un libro de memorias, de la mesa del comedor al archivo del pueblo, y lo que conviene pensar antes de elegir.

EPor El equipo de La llamada de su vida · 20 de octubre de 2026

Has terminado tus memorias. ¿Y ahora qué hago con ellas?

Si te preguntas qué hacer con tus memorias terminadas, tienes cinco destinos posibles: dárselas a tu familia, imprimirlas, donar un ejemplar al archivo de tu pueblo, llevar otro a la biblioteca o guardarlas en un cajón. No son excluyentes. Lo primero es decidir para quién las escribiste; lo segundo, qué hay dentro que sea también de otros.

Antes de elegir: dos preguntas

Terminar un libro de memorias deja una sensación rara. Durante meses has tenido una tarea, y de pronto el texto está ahí, cerrado, y no sabes muy bien dónde ponerlo. Antes de hacer nada, contesta a dos preguntas. Te ahorrarán disgustos.

¿Para quién lo escribiste? No hace falta una respuesta solemne. «Para mis nietos, que no conocieron el pueblo» es una respuesta. «Para mí, para poner orden» también. La respuesta decide el destino: si es para los nietos, lo importante es que llegue a sus manos; si es para ti, el cajón es un sitio perfectamente digno.

¿Qué hay dentro que sea de otros? Unas memorias hablan de ti, pero también de tu hermano, de tu primer novio, del encargado de la fábrica y de la vecina del segundo. Mientras el libro se queda en casa, eso no pesa. En cuanto sale a un sitio donde lo puede leer cualquiera, sí. Relee pensando en quién sale y en cómo se sentiría al leerlo. A veces basta con quitar un apellido.

1. La familia: el destino de casi todos

La mayoría de las memorias se escriben para la familia, y aun así muchas se entregan mal: un PDF en un correo con el asunto «Lo de la abuela», que nadie abre porque no es el momento.

Lo que funciona mejor:

Prepárate para una cosa: lo que más les va a sorprender no será lo que tú creías. Puede que el capítulo que más te costó escribir pase sin pena ni gloria y que la anécdota del colchón atado a la baca en la mudanza al primer piso sea lo que comenten durante años.

2. La imprenta: un ejemplar que dure

Un libro en el ordenador depende de que alguien lo encuentre dentro de treinta años. Un libro en la estantería, no. Por eso casi todo el mundo acaba imprimiendo, aunque sean pocos ejemplares.

Lo básico, en cuatro líneas:

Lo tienes todo explicado, con tamaños, papel y fotos, en cómo imprimir un libro de memorias.

3. El archivo local: tu vida como fuente

Este es el destino en el que menos gente piensa, y el que más sentido tiene si tus memorias hablan de un lugar concreto. Dentro de cincuenta años, quien quiera saber cómo se vivía en tu pueblo en los años cincuenta buscará justo lo que tú has escrito: cuánto costaba el pan, quién tenía el único teléfono de la calle, cómo se hacía la matanza, qué pasó el año de la riada.

Los papeles oficiales cuentan cuántos vecinos había y cuánto se cosechó. Casi nunca cuentan cómo era un día cualquiera. Eso solo lo cuentan los vecinos.

A quién preguntar

Cómo hacerlo

Llama o escribe antes. Explica qué es (unas memorias, cuántas páginas, de qué años y de qué lugar) y pregunta si les interesa y en qué formato lo prefieren. Cada archivo tiene sus criterios y puede decir que no; no es nada personal. Si dicen que sí, es habitual que te pidan firmar un papel de donación donde se diga qué entregas y si se puede consultar libremente o con alguna condición.

Aquí la segunda pregunta del principio pesa de verdad. Un archivo es un sitio donde cualquiera puede leer tu libro. Si dentro hay algo que alguien de tu familia preferiría no ver por escrito, sácalo de esa copia o pide que no se pueda consultar durante un tiempo.

4. La biblioteca: un ejemplar en la estantería del pueblo

La biblioteca municipal es otro buen sitio, sobre todo la del pueblo donde naciste. Muchas tienen una sección de autores o temas locales, y unas memorias de alguien del pueblo encajan ahí de forma natural.

Igual que con el archivo, pregunta antes. Una biblioteca decide qué entra en su colección y algunas no aceptan donaciones de libros que no se han publicado en una editorial. Si te dicen que sí:

La diferencia con el archivo es el lector. El archivo lo consultará quien investigue; la biblioteca, quien pase por allí y tenga curiosidad. Para muchas personas, eso es justo lo bonito.

5. El cajón: que también vale

Hay quien escribe sus memorias y no quiere enseñárselas a nadie. Al menos, todavía. Está bien. Escribir tu vida tiene sentido aunque no la lea nadie: ordena, aclara, a veces reconcilia. Nadie tiene derecho a decirte que un libro guardado es un libro perdido.

Pero un cajón bien hecho tiene tres reglas:

Los cinco destinos de un vistazo

DestinoPara quién esQué necesitasTen cuidado con
La familiaHijos, nietos, hermanosUn momento y una copia por casaEntregarlo sin más en un correo
La imprentaQuien lo vaya a guardarUn PDF definitivo y una pruebaImprimir antes de revisar nombres y fechas
El archivo localQuien estudie tu puebloPreguntar antes y una carta de donaciónLo que cuentas de otros
La bibliotecaVecinos y curiososUn ejemplar bien encuadernadoDar por hecho que lo aceptarán
El cajónTú, de momentoDos copias y una notaQue nadie sepa que existe

Lo que conviene no hacer

Colgarlo entero en internet. Una red social o un blog abierto parece la forma fácil de que llegue a todos, pero ahí lo lee cualquiera, también quien sale en el libro y no lo sabía. Si quieres compartir un trozo, elige uno que solo hable de ti.

Esperar a que esté perfecto. Siempre habrá algo que añadir. Un libro entregado con una fecha mal puesta vale mucho más que un libro perfecto que nunca sale del ordenador. Las correcciones se apuntan para la siguiente impresión.

Decidir solo en nombre de todos. Si el libro habla mucho de tu marido o de tus hijos, pregúntales antes de llevarlo a un archivo. La familia es el primer destino también en eso.

Si prefieres que lo haga Carmen

Todo lo anterior da por hecho que el libro ya está escrito. Si todavía no lo está y no te ves escribiéndolo, hay otra forma: contar tu vida por teléfono.

En La llamada de su vida, Carmen, una entrevistadora virtual creada con inteligencia artificial, te llama doce veces a la hora que tú eliges, y el equipo escribe un libro terminado, en primera persona y con tu propia voz. Lo recibes en PDF, EPUB y documento editable, con tu árbol familiar, la cronología de tu vida, tus frases tal como las dijiste y los audios originales de cada conversación. Así cada destino tiene su formato: el PDF para imprimir, el EPUB para quien lee en pantalla, los audios para quien quiera oírte.

Los derechos sobre tu historia son tuyos. Nosotros no la publicamos, no la compartimos ni la vendemos, así que decides tú si va a la familia, al archivo o al cajón. Las copias impresas se piden aparte: tapa blanda a 34€ y tapa dura a 59€, con el envío a España incluido. Lo tienes todo en qué incluye el libro.

¿Puedo donar mis memorias a un archivo si no están publicadas?

Muchos archivos municipales aceptan documentos de particulares, y unas memorias inéditas lo son. Cada archivo decide qué recoge, así que pregunta antes, explica de qué época y de qué lugar hablan y pregunta en qué formato las prefieren.

¿Qué hago si en mis memorias salen personas que siguen vivas?

Mientras el libro se quede en la familia, basta con releerlo pensando en ellas. Si va a un archivo o a una biblioteca, quita lo que pueda hacer daño o pide que esa copia no se pueda consultar durante unos años.

¿En qué formato guardo el fichero para que se pueda abrir dentro de muchos años?

En PDF, y en dos sitios distintos. Es un formato que se lee en cualquier ordenador y que no se descoloca. Si además tienes el documento editable, guárdalo también: te servirá si un día quieres corregir algo.

¿Y si quiero que nadie lo lea hasta que yo no esté?

Guárdalo en un sobre cerrado con una nota que lo diga, y cuéntaselo a una persona de confianza. Sin esa persona, el sobre puede perderse; sin la nota, nadie sabrá qué querías.

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