
Unas memorias se pueden ordenar de cuatro maneras: en orden cronológico, por temas, por lugares o alrededor de una decisión que lo cambió todo. Ninguna es mejor que las otras. Si dudas sobre cómo estructurar tus memorias, mira primero el material que tienes: el plan bueno es el que deja dentro tus mejores escenas sin obligarte a rellenar huecos.
La estructura se elige después, no antes
El error más común es dibujar el índice el primer día, con sus capítulos numerados, y luego intentar llenarlo. Sale un libro con capítulos flacos («La escuela», tres párrafos) y con las mejores historias fuera, porque no encajaban en ninguna casilla.
Funciona mejor al revés. Primero se juntan escenas sueltas, sin orden: la matanza en el corral, el viaje de novios a Mallorca, el día que entregaron las llaves del piso. Cuando hay treinta o cuarenta, se mira qué forma tienen juntas. A veces forman una línea. A veces forman montones. Esa forma es la estructura.
Si todavía no tienes escenas, empieza por ahí: en Cómo empezar a escribir tus memorias hay un método para sacar las primeras.
Plan 1: cronológico, de la casa al presente
Es el orden de siempre: de dónde vienes, la infancia, la escuela, la juventud, el amor, el trabajo, los hijos, y así hasta hoy. Cada capítulo es una etapa.
Cuándo funciona
Cuando tu vida tiene etapas claras y distintas entre sí, y cuando quien va a leerte no conoce la historia entera. También es el plan más fácil de completar: si falta una etapa, se nota enseguida.
Cuándo se queda corto
Cuando una sola etapa pesa más que todas las demás juntas, o cuando hay décadas tranquilas en las que «no pasó nada» y el capítulo se convierte en una lista de fechas. El orden del calendario trata igual un año cualquiera que el año que te cambió la vida.
Un índice de ejemplo
- La casa de la calle Ancha
- Cinco hermanos y una bicicleta
- La escuela de don Anselmo
- A servir a Madrid con dieciséis años
- El baile de las fiestas de agosto
- Veintidós años en la fábrica de conservas
- La boda, y lo que llovió
- Tres hijos en cinco años
- El 600 y el primer verano en la playa
- Los domingos
- Los que ya no están
- Los nietos, y lo que sé ahora
Fíjate en que ningún título es «Infancia» o «Trabajo». Un capítulo se titula con algo que solo existió en tu vida.
Plan 2: por temas
Aquí cada capítulo es un hilo que atraviesa toda la vida: la cocina, el trabajo, los amigos, el dinero, la fe, los coches, las casas. Dentro de cada tema se puede saltar de los ocho años a los setenta sin pedir permiso.
Cuándo funciona
Cuando lo que te define es una afición, un oficio o una manera de estar en el mundo, más que una sucesión de etapas. Cuando eres de los que cuentan «y esto me recuerda a».
Cuándo se queda corto
Cuando el lector necesita situarse. Si en el capítulo de los amigos aparece «cuando ya estábamos en Bilbao» y Bilbao no ha salido todavía, se pierde. Tiene arreglo: una cronología breve al principio o al final del libro, con diez o quince fechas, sostiene todo lo demás.
Un índice de ejemplo
- Las manos de mi madre: lo que se comía en casa
- Los oficios que tuve antes del oficio
- El taller
- Los amigos de la mili, cincuenta años después
- Cada coche, con su viaje
- Lo que costaban las cosas
- La música que sonaba
- Lo que he aprendido tarde
Si tu hilo principal es el trabajo, en Memorias de mi vida laboral lo desarrollamos capítulo a capítulo.
Plan 3: por lugares
Cada capítulo es un sitio: el pueblo, la casa de los abuelos, la pensión de la capital, el piso de la barriada, la ciudad alemana donde pasaste nueve años, el apartamento de la playa. El lugar hace de percha y de él cuelgan las personas y las escenas.
Cuándo funciona
Cuando te has mudado mucho, o cuando tu vida se parte en dos por un traslado: del pueblo a Barcelona, de Galicia a Suiza, de un barrio a otro. Es un plan muy agradecido para la memoria, porque los sitios traen solos los olores, los ruidos y los vecinos.
Cuándo se queda corto
Cuando has vivido siempre en la misma casa.
Un índice de ejemplo
- Villar: la casa, la era y el río
- El internado de Zamora
- Madrid, una habitación con derecho a cocina
- Düsseldorf: la fábrica y la residencia
- El primer piso propio, en Getafe
- Los veranos de vuelta en Villar
- La casa de ahora
Plan 4: alrededor de una decisión
Hay vidas que tienen un antes y un después: el día que te fuiste, el día que dejaste el campo, el negocio que abriste con todos los ahorros, la boda que nadie quería, la vuelta. Este plan pone esa decisión en el centro y ordena todo lo demás a su alrededor: cómo era la vida antes, cómo se tomó, qué costó y qué vino después.
Cuándo funciona
Cuando, si te piden que cuentes tu vida en cinco minutos, siempre acabas en el mismo punto. Es el plan que más se parece a una novela, porque tiene tensión: el lector sabe desde la primera página que algo va a pasar.
Cuándo se queda corto
Cuando obliga a forzar. No todas las vidas giran sobre una sola decisión, y contar setenta años como si todo llevara a un único día deja fuera mucha vida buena. Si tienes que pensarlo mucho para encontrar «tu decisión», este no es tu plan.
Un índice de ejemplo
- La estación de Atocha, marzo del 64
- Lo que dejaba: el pueblo y los míos
- Por qué me fui
- El primer invierno
- Las cartas
- Lo que gané
- Lo que perdí
- La vuelta, y si volvería a hacerlo
Los cuatro planes, en una tabla
| Plan | Cada capítulo es | Va bien si | Cuidado con |
|---|---|---|---|
| Cronológico | Una etapa | Tu vida tiene etapas claras y quieres que no falte nada | Los años tranquilos, que se vuelven lista |
| Por temas | Un hilo | Te define un oficio, una afición o una manera de ser | Que el lector no sepa en qué año está |
| Por lugares | Un sitio | Te has mudado o emigraste | Repetir personas en cada casa |
| Una decisión | Un paso hacia ese día, o desde él | Tu historia tiene un antes y un después | Forzar la vida para que encaje |
Cómo elegir: la prueba de las fichas
No hace falta decidirlo pensando. Se decide con las manos.
- Apunta veinte recuerdos, cada uno en una ficha o en un trozo de papel. Una línea basta: «La riada», «El primer sueldo», «La tía Encarna y la máquina de coser».
- Extiéndelos todos en la mesa y agrúpalos como te salga, sin pensar en el libro.
- Mira qué has hecho. Si los has puesto en fila, de antiguo a reciente, tu plan es el cronológico. Si has hecho montones por asunto, por temas. Si los montones tienen nombre de sitio, por lugares. Y si has puesto una ficha en el centro y las demás alrededor, ya sabes cuál es tu decisión.
- Ponle título a cada montón. Esos títulos son tu primer índice.
Para sacar las veinte fichas sirve cualquier lista de buenas preguntas. La guía de las 12 preguntas trae una por capítulo de una vida, es gratis y se puede imprimir.
Casi siempre se mezclan
Los cuatro planes no son excluyentes. Las combinaciones que mejor funcionan:
- Cronológico con un capítulo de tema. La vida en orden y, en medio, un capítulo entero para el bar que llevaste veinte años o para la huerta.
- Por lugares, en orden. Los sitios ya vienen ordenados por el tiempo, así que el lector nunca se pierde.
- Una decisión como apertura y el resto cronológico. El primer capítulo es la estación; a partir del segundo se cuenta todo desde el principio.
Dos errores de estructura
Repartir el espacio por años
Diez años no merecen diez veces más que un año. La extensión de cada parte la decide lo que tienes que contar, no el calendario.
Dejar a las personas sin presentar
Cualquiera que sea el plan, la primera vez que aparece alguien hay que decir quién es. «Mi cuñado Julián, el marido de mi hermana Pili» una vez, y luego ya es Julián. Un árbol familiar al final del libro ayuda mucho, sobre todo en los planes que saltan en el tiempo.
¿Cuál es la estructura más fácil para empezar?
La cronológica, porque el orden ya está hecho y es fácil ver qué falta. Pero si al escribir notas que te vas siempre al mismo tema o al mismo sitio, hazle caso: es tu material diciéndote que quiere otro plan.
¿Puedo cambiar de estructura a mitad del libro?
Sí, y pasa mucho. Las escenas escritas no se pierden: se reordenan. Por eso conviene escribir cada escena de forma que se entienda sola, con su sitio, su época y sus nombres, sin depender de lo que va antes.
¿Cuántos capítulos tiene que tener?
Los que salgan de tus montones. Entre ocho y quince es lo habitual, pero no es una norma. Lo cuenta con más detalle este artículo sobre la extensión y la estructura de un libro de memorias.
¿Hace falta una cronología si mi libro no va en orden?
Hace más falta todavía. Una lista corta de fechas, aunque sean aproximadas («hacia 1958», «el verano en que nació Marisa»), permite a quien lee situar cada escena.
Si prefieres que lo haga Carmen
En La llamada de su vida la estructura no tienes que decidirla tú. Carmen, nuestra entrevistadora, te llama doce veces a tu teléfono de siempre, a la hora que elijas, y cada conversación sigue un capítulo: de dónde vienes, la infancia, la escuela, la juventud, el amor, el trabajo, y así hasta los nietos y el presente. Es virtual, creada con inteligencia artificial, y te lo dice ella en el primer minuto. Si un capítulo no encaja con tu vida, se salta. Si falta algo importante (la mili, el bar, los años en Alemania), se convierte en capítulo propio. De esas conversaciones el equipo escribe un libro terminado, en primera persona, con sus capítulos en orden, tu cronología, tu árbol familiar y tus audios. Son 247€ una sola vez, y si la primera llamada no te convence, te devolvemos todo. Así funciona si el libro es para ti.
Doce llamadas · Si la primera llamada no te convence, te devolvemos todo