
Un libro de memorias tiene normalmente entre 120 y 200 páginas, en un formato de 15 × 23 centímetros y con letra grande. Si sale de conversaciones, son unas 18.000 palabras habladas, unas seis horas. Se estructura en capítulos que siguen las etapas de una vida, y se cierra con dos apéndices: la cronología y el árbol familiar.
De las horas a las páginas: las cuentas
Los números que siguen no son una estimación de editor: están medidos en llamadas reales, en libros que se han escrito a partir de conversaciones por teléfono.
- En una hora de conversación se dicen unas 3.100 palabras.
- Una vida entera, contada capítulo a capítulo, cabe en unas seis horas.
- Seis horas son unas 18.000 palabras habladas.
- Esas 18.000 palabras, puestas en orden y limpias de repeticiones, dan un libro de entre 120 y 200 páginas, según el formato y el tamaño de la letra.
Para hacerse una idea: el primer libro que terminamos, en septiembre de 2026, tenía unas 120 páginas y estaba escrito solo con lo que su protagonista contó. Ni una anécdota añadida.
No hay un número correcto
Que la horquilla sea tan ancha, de 120 a 200, tiene una razón: la extensión la marca lo que cuentes, no un número fijado de antemano.
Hay vidas que se cuentan en cuatro horas y vidas que piden diez. Hay gente que en la primera llamada contesta con frases cortas y en la tercera está esperando al lado del teléfono. Hemos visto una llamada de 88 minutos seguidos, y narradoras que han encadenado cuatro capítulos en una sola tarde porque no querían colgar. Y hay capítulos que en una vida ocupan veinte páginas y en otra, dos.
Un libro de memorias no se rellena para llegar a las 200 páginas ni se recorta para caber en 120. Si tu vida laboral ocupa la mitad del libro porque estuviste cuarenta años en la misma fábrica y tienes cuarenta años de historias, ocupa la mitad del libro. Si el capítulo de la escuela son tres páginas porque saliste a los diez años a trabajar, son tres páginas, y esas tres cuentan más que muchas.
Cómo se estructura: capítulos que siguen la vida
La estructura más natural de unas memorias es la cronológica: un capítulo por etapa, en el orden en que pasaron. No es la única, pero es la que se lee sola y la que permite a un nieto abrir el libro por «La escuela» y encontrar la escuela.
Estos doce capítulos valen para casi cualquier vida:
| Capítulo | Qué entra | Una escena de ejemplo |
|---|---|---|
| 1. De dónde vienes | Padres, abuelos, el pueblo o el barrio | La casa de tus abuelos, cuarto por cuarto |
| 2. La infancia | La casa, los hermanos, los juegos | Las travesuras que tus padres no vieron |
| 3. La escuela | El maestro, los compañeros, lo que aprendiste | El nombre del maestro y por qué lo recuerdas |
| 4. La juventud | El primer trabajo, salir de casa, la mili | En qué se fue el primer sueldo |
| 5. El amor | Cómo os conocisteis, de verdad | Lo primero que pensaste al verle |
| 6. El trabajo | El oficio, en qué eras bueno | Un día en que salió todo mal |
| 7. La boda | Lo que no está en las fotos | Qué se dijo en el desayuno de ese día |
| 8. Los hijos | Ser madre o padre joven, sin manual | La primera noche en casa con el primero |
| 9. Tu época | Dónde estabas los días señalados, los precios | Cuánto costó el primer piso, y cuánto ganabas |
| 10. Lo que te gustaba hacer | Aficiones, amigos, los sábados | Un sábado cualquiera de tus veinticinco años |
| 11. Las pérdidas | En quién piensas todavía | Qué le dirías hoy |
| 12. Los nietos y el presente | Lo que sabes hoy | Lo que te gustaría que supieran y nadie les ha contado |
Tres reglas para usar el mapa:
- Si un capítulo no encaja con tu vida, se salta y no queda raro. No todo el mundo se casó, no todo el mundo tuvo hijos, no todo el mundo hizo la mili.
- Si en tu vida hay algo grande que no está en la lista, se convierte en capítulo propio: los años en Alemania, el bar que llevaste con tu mujer, los veranos en el barco, el pueblo al que volviste a los sesenta.
- Dentro de cada capítulo, escenas y no balances. «Fui feliz en aquella casa» es una frase; «los inviernos con el brasero debajo de la mesa camilla y la radio puesta» es una página.
Los apéndices: lo que la familia abre primero
Después de los capítulos, un buen libro de memorias lleva dos apéndices. Y, aunque parezca raro, son lo que la familia mira primero.
El árbol familiar
Cada persona que aparece en los capítulos (padres, tíos, primos, cuñados, el vecino que era casi de la familia, la amiga que se fue a Francia) puesta en su sitio, con su nombre y su relación contigo. Si lo escribes tú, apunta los nombres según salgan y monta el árbol al final: es mucho más fácil que intentar hacerlo de cabeza antes de empezar. Si quien lo hace es un hijo con lo que tú le cuentas, tiene su guía en Cómo hacer un árbol genealógico con lo que cuentan tus padres.
La cronología
Tu vida año a año, en una o dos páginas: dónde vivías, cuándo empezaste a trabajar, la boda, cada hijo, cada mudanza, el año del Seat. Sirve para situar cada capítulo en su fecha y para que un nieto entienda que cuando naciste había cartilla de racionamiento y cuando te jubilaste ya había móviles.
Hay un tercer añadido que no es un apéndice pero lo parece: una selección de tus frases tal cual las dijiste. Diez o quince, con tus palabras exactas, para que al leerlas se te oiga.
Y si hay fotos, van en un pliego aparte, con su pie: quién, dónde y cuándo. Mejor pocas y bien explicadas que muchas sin nombre.
El formato: 15 × 23 y letra grande
El tamaño habitual de un libro de memorias es 15 × 23 centímetros: más grande que un libro de bolsillo, más pequeño que un álbum. Cabe en una estantería normal, se sostiene con una mano y deja hueco para una letra grande, que es la decisión de formato más importante de todas. Quien va a leer este libro tiene, muchas veces, más de sesenta años; la letra pequeña de las novelas no vale.
Con letra grande e interlineado holgado, en una página caben menos palabras que en una novela de bolsillo, y por eso 18.000 palabras habladas, puestas en limpio, dan de 120 a 200 páginas y no 80.
En cuanto a la encuadernación, hay dos opciones y las dos son buenas:
- Tapa blanda, con la portada impresa. Más ligera, más barata, la que se lleva en el bolso a casa de la hija.
- Tapa dura en tela, con las letras doradas y sobrecubierta. La que se queda en la estantería del salón y se hereda.
Lo normal es pedir varias copias del mismo libro: una para cada hijo, una para cada nieto que ya lea. En Cómo imprimir un libro de memorias explicamos las opciones y lo que cuestan.
Cuánto ocupa cada capítulo
No todos igual, y no hay que forzarlo. Lo habitual es que el trabajo y los hijos sean los capítulos largos, porque son las décadas largas; que la infancia y la escuela sean medianos, porque los recuerdos de niño son muchos pero cortos; y que las pérdidas sean el más breve, porque se dice lo justo. Pero lo habitual no es una norma: si tu capítulo largo es la mili, porque te tocó en el Sáhara y volviste con otra cabeza, ese es tu capítulo largo.
Una manera práctica de comprobarlo, si lo escribes tú: cuando termines, mira qué capítulos tienen menos de dos páginas. No es que haya que alargarlos; es que quizá ahí hay una escena que no has contado porque nadie te la ha preguntado. En Cómo empezar a escribir tus memorias está el método para sacarla.
¿Un libro de memorias corto vale menos?
No. Un libro de 120 páginas escrito solo con lo que se contó vale más que uno de 300 rellenado para hacer bulto. La extensión buena es la que tiene tu vida cuando la cuentas entera y sin repetirte.
¿Cuántas palabras son 120 páginas?
Depende del formato y de la letra. Con letra grande y en 15 × 23, las 18.000 palabras habladas de unas seis horas de conversación, una vez puestas en limpio, dan entre 120 y 200 páginas. Con letra de novela de bolsillo cabrían muchas más palabras por página, pero no es el tipo de libro que se quiere aquí.
¿Cuántos capítulos tiene que tener?
Los que tenga tu vida. Doce es un mapa que vale para casi todo el mundo, y se puede saltar alguno o añadir otros. Lo que no conviene es un solo capítulo de 150 páginas, porque nadie lo abre dos veces, ni cuarenta capítulos de tres páginas, porque se pierde el hilo.
¿Puede llevar fotos?
Sí, y conviene que las lleve, en un pliego aparte y con su pie: quién es cada uno, dónde y cuándo. Se eligen al final, cuando ya está el texto, porque entonces se sabe qué fotos van con qué capítulos.
Si prefieres que lo haga Carmen
Los números de este artículo salen de lo que hacemos nosotros: Carmen, nuestra entrevistadora (virtual, creada con inteligencia artificial, y lo decimos siempre), te llama doce veces, una por capítulo, a la hora que tú elijas. De esas seis horas de conversación el equipo escribe tu libro de 120 a 200 páginas, con el árbol familiar, la cronología, tus frases y los audios de cada llamada. Lo recibes en digital y, si quieres copias impresas en 15 × 23 con letra grande, se piden aparte: 34€ la tapa blanda y 59€ la tapa dura, envío incluido. 247€ una vez, y si no hay libro, no lo pagas. Cómo es, para ti.
Doce llamadas · Si no hay libro, no lo pagas