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Preguntas y entrevistas

40 preguntas para hacerle a tu abuela (y la primera que solo puede hacerle un nieto)

Tu abuela fue una chica de tu edad antes de ser abuela. Estas cuarenta preguntas, capítulo a capítulo, son para conocer a esa chica.

EPor El equipo de La llamada de su vida · 15 de octubre de 2026

40 preguntas para hacerle a tu abuela (y la primera que solo puede hacerle un nieto)

Si no sabes qué preguntarle a tu abuela, empieza por una que solo puede hacer un nieto: «¿Qué hacías tú cuando tenías mi edad?». Abre la puerta a la chica que fue antes de ser madre y abuela. Debajo tienes cuarenta preguntas para hacerle a tu abuela, ordenadas por capítulos de su vida, cada una pensada para sacar una escena concreta.

Por qué un nieto pregunta distinto que un hijo

Entre tu abuela y tú hay una generación de distancia, y esa distancia ayuda. Con sus hijos, tu abuela sigue siendo madre: hay cuentas pendientes, versiones que defender, cosas que no se dijeron en su momento y ya no se dicen. Contigo no. Tú no estabas cuando pasó nada de aquello, así que todo te lo tiene que contar desde el principio.

Y tú no preguntas para juzgar, preguntas porque no lo sabes. Eso se nota. Muchas abuelas cuentan a un nieto lo que nunca contaron a sus hijos, no porque fuera secreto, sino porque nadie se lo preguntó con esa curiosidad tan limpia.

Hay una segunda ventaja: la edad. Tú tienes ahora la edad que ella tenía cuando pasaron muchas de las cosas importantes de su vida. Cuando le preguntas «¿y tú, a mis veinticinco?», le das una medida que entiende al momento. Ya no es «cuéntame tu juventud», que es un océano. Es un año concreto, comparado con el tuyo.

Antes de la primera pregunta

Tres cosas, en corto, porque el método completo está en cómo entrevistar a tus abuelos:

Y lleva algo en la mano. Un álbum de fotos, su costurero, el recetario, una cartilla vieja que haya por casa. A una abuela le cuesta empezar a hablar de sí misma, pero le resulta facilísimo explicarte quién sale en una foto.

Las 40 preguntas, capítulo a capítulo

Siguen el orden de los capítulos de una vida, de dónde viene hasta hoy. No hace falta hacerlas en orden ni todas. Tres o cuatro por conversación son más que suficientes. Debajo de algunas va el porqué.

De dónde viene

  1. ¿En qué casa naciste, y quién dormía en cada habitación? Dibujar la casa en voz alta devuelve a toda la familia que vivía en ella.
  2. ¿Quién te puso el nombre, y por qué ese?
  3. ¿Cómo eran tus abuelos? ¿Te acuerdas de sus manos, de su voz, de lo que decían siempre? Le estás preguntando por tus tatarabuelos. Seguramente nadie más vivo los conoció.
  4. ¿Qué se contaba en tu casa de la familia de antes, la que tú ya no llegaste a conocer?

La infancia

  1. ¿Qué tareas te tocaban de niña, antes de ir a la escuela o al volver? Para muchas niñas de su generación, la infancia venía con faena. Contarla es contar cómo funcionaba una casa entera.
  2. ¿A qué jugabais en la calle, y quién tenía el mejor juguete del barrio?
  3. ¿Qué comías un día normal, y qué comías un día de fiesta?
  4. ¿Cuál es la travesura que nunca le contaste a tu madre? Una abuela casi nunca se niega a esta. Y es la que más os acerca.

La escuela

  1. ¿Cómo se llamaba tu maestra, y qué es lo primero que te viene cuando piensas en ella?
  2. ¿Qué llevabas en la cartera, y qué te comías en el recreo?
  3. ¿Hasta cuándo fuiste a la escuela, y qué pasó el día que dejaste de ir? Si la sacaron pronto para trabajar o ayudar en casa, aquí aparece. Pregúntalo sin pena: lo que quieres es la historia, no el lamento.

La juventud, a tu edad

  1. ¿Qué hacías tú cuando tenías mi edad? Cuéntame un día cualquiera de ese año. La pregunta que da título a esta lista. Funciona a los dieciséis, a los veinticinco y a los treinta y cinco.
  2. ¿Adónde ibais a bailar, y quién os acompañaba?
  3. ¿Qué querías ser, y qué pensaban en casa de eso?
  4. ¿Cuál fue el primer dinero que ganaste, y en qué lo gastaste?
  5. ¿Qué te ponías para salir un domingo, y quién te lo había cosido?

El amor y la boda

  1. ¿Dónde viste al abuelo por primera vez, y qué llevaba puesto? Te sabes la historia oficial. El detalle de la ropa casi nunca está en ella.
  2. ¿Hubo algún otro chico antes que el abuelo? Se pregunta con una sonrisa, y casi siempre se contesta con otra.
  3. ¿Cómo os escribíais o cómo quedabais cuando no estabais juntos?
  4. ¿Qué recuerdas del día de tu boda que no salga en las fotos?
  5. ¿Cómo era vuestra primera casa, y qué fue lo primero que comprasteis juntos? El primer piso, el primer mueble, el primer aparato: la historia de una pareja contada por sus cosas.

El trabajo

  1. ¿Qué trabajos has hecho en tu vida, incluidos los que nadie llamaba trabajo? La casa, el campo, la tienda de la familia, coser para fuera. Cuéntalos todos.
  2. ¿Qué sabías hacer que hoy ya casi nadie sabe?
  3. ¿Cómo se llamaba la persona con la que mejor te lo pasabas trabajando?
  4. ¿Cómo os apañabais con el dinero en un mes malo? Cuéntame uno concreto.

Los hijos (mi madre o mi padre, de pequeño)

  1. ¿Cómo era mi madre (o mi padre) de pequeña? ¿Qué travesura hizo que nunca me han contado? Esta solo la puede hacer un nieto. Y tu abuela lleva años esperando que alguien se la haga.
  2. ¿Quién te ayudaba a criar a los niños, y quién no?
  3. ¿Qué noche de aquellos años no se te olvida?
  4. ¿En qué me parezco a mi madre (o a mi padre) cuando tenía mi edad?

Su época

  1. ¿Cuándo llegó a tu casa la primera televisión, y qué fue lo primero que visteis?
  2. ¿Quién de la familia se fue a trabajar fuera (a Alemania, a Suiza, a Barcelona, a Madrid), y cómo os llegaban las noticias? En muchas familias españolas hay alguien que se fue. En la emigración de los años 60 explicamos cómo tirar de ese hilo.
  3. ¿Qué costaba entonces un pan, un billete de autobús o una entrada de cine? Los precios son la mejor máquina del tiempo. Apúntalos tal cual los diga.
  4. ¿De qué no se podía hablar en voz alta cuando eras joven? Se ofrece con cuidado. Si no quiere entrar, la siguiente.

Lo que le gustaba hacer

  1. ¿Qué canción te sabes entera desde siempre? ¿Me la cantas? Si dice que sí, ten el móvil grabando. Esa grabación vale más que cualquier foto.
  2. ¿Qué receta tuya no está escrita en ningún sitio? Y que te la dicte, con sus medidas: un puñado, un chorrito, hasta que esté.
  3. ¿Qué te gusta hacer ahora, cuando tienes una tarde para ti?

Las pérdidas

  1. ¿Qué objeto guardas de alguien que ya no está? Por el objeto se entra suave. Si quiere seguir, seguirá. Si no, se respeta y se cambia de capítulo.
  2. ¿Quién te hace falta todavía, y qué le contarías si pudieras?

Los nietos y el presente

  1. ¿Qué pensaste el día que nací yo? Pregunta que da un poco de vergüenza hacer y que todas las abuelas contestan con ganas.
  2. ¿Qué te gustaría que supieran de ti tus bisnietos, los que todavía no han nacido? Es la última por algo. Deja que piense. Lo que diga es la mejor línea de todo lo que hayas apuntado.

Si vives lejos: las preguntas también caben en una llamada

Muchos nietos viven en otra ciudad, o en otro país. No hace falta esperar a las vacaciones. Una llamada de media hora a la semana, siempre el mismo día y a la misma hora, con una o dos preguntas preparadas, funciona igual de bien o mejor que una visita: sin la mesa puesta, sin la familia alrededor, ella en su sillón y tú escuchando.

Dile antes qué le vas a preguntar. «El domingo te llamo y me cuentas cómo conociste al abuelo.» Le das tres días para que le vengan los recuerdos, y cuando suene el teléfono ya tendrá la historia a mano.

Si puedes, graba la llamada (con su permiso) y guarda los audios. Su voz contando su vida es algo que, años después, ningún libro sustituye. En conservar la voz de tus padres contamos cómo guardarla para que no se pierda en un móvil viejo.

Qué hacer con lo que te cuente

Apúntalo el mismo día, aunque sea mal. Tres líneas por conversación: qué contó, qué nombres salieron, qué te quedó por preguntar. Al cabo de un mes tendrás el borrador de una historia que no existía en ningún sitio.

Con los nombres, empieza un árbol. No uno de fechas, sino uno de personas con una historia colgando: «tía Remedios, la que cosía para media calle». El método está en cómo hacer un árbol genealógico con lo que cuentan tus padres, y vale igual con lo que cuentan las abuelas.

Y compártelo con ella. Léele en la siguiente llamada lo que apuntaste de la anterior. Casi siempre corrige un detalle, y al corregirlo cuenta algo nuevo.

¿Y si mi abuela dice que no tiene nada interesante que contar?

Es la respuesta más habitual, y casi nunca es verdad. No le pidas que cuente su vida: pregúntale un dato pequeño, como el nombre de su calle o qué se comía en su casa los domingos. Nadie cree que eso sea «contar su vida», y detrás de cada dato sale una historia.

¿Cuántas preguntas le hago cada vez?

Tres o cuatro, del mismo capítulo, y las repreguntas que vayan saliendo. Media hora suele ser buena medida. Mejor cortar con ganas de seguir que llegar al final cansadas las dos partes.

¿Valen estas preguntas para el abuelo?

Casi todas, cambiando lo justo. Con un abuelo suele funcionar mejor entrar por el trabajo, la mili o el oficio que por la casa. Tienes más ideas en las cincuenta preguntas para tu padre, que sirven para cualquier hombre de su generación.

¿Y si se emociona?

No cambies de tema de golpe. Espera, acércate y deja que pase. Luego pregúntale si quiere seguir o prefiere dejarlo para otro día. Muchas veces la emoción no es tristeza, sino la sorpresa de que alguien quiera saberlo.

Si prefieres que lo haga Carmen

Puedes hacerlo tú, y vale la pena intentarlo. Lo que suele pasar es que la llamada del domingo se cruza con la vida, y la historia de la boda se queda para otro día que no llega.

Para eso existe La llamada de su vida. Carmen, nuestra entrevistadora (es virtual, creada con inteligencia artificial, y se lo dice a tu abuela en el primer minuto de la primera llamada), la llama doce veces por teléfono, a la hora que ella elige, a su fijo o a su móvil de siempre. Nunca tiene prisa, repite si hace falta y se acuerda de cada nombre de una llamada a otra. De esas conversaciones escribimos un libro terminado, en primera persona y con su propia voz, con su árbol familiar, la cronología de su vida y los audios originales. Ella solo tiene que descolgar. Y si la primera llamada no le convence, te devolvemos todo. Cómo sería para ella lo contamos en la página para tu abuela.

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Doce llamadas a su teléfono de siempre · Si la primera llamada no le convence, te devolvemos todo

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