
Las mejores preguntas para hacerle a tu abuelo empiezan por sus manos: qué oficio aprendió, quién se lo enseñó, con quién salía los domingos. A un hombre de su generación le cuesta hablar de sí mismo, pero no del trabajo, del pueblo ni de su cuadrilla. Aquí tienes cuarenta, por capítulos, para conocer al chico que fue.
Por qué con el abuelo se entra por otra puerta
Pregúntale a tu abuelo «¿cómo te sentiste cuando…?» y lo más probable es que conteste con un «pues bien» y te ofrezca café. No es que no tenga nada dentro. Es que a muchos hombres nacidos en los años cuarenta y cincuenta nadie les enseñó a contar lo que sentían, y mucho menos a un nieto.
Pero pregúntale cómo se injerta un almendro, cuánto pesaba un saco de cemento o qué hacía el encargado cuando llegabas tarde, y la conversación cambia de marcha. Habla de lo que sabe hacer, y al hablar de eso aparece todo lo demás: el padre que le enseñó, el compañero que se cortó la mano, el primer sueldo que entregó entero en casa.
Es la misma vida, contada desde otro sitio. Con tu abuela quizá entraste por la cocina o por la casa (tienes esa lista en las cuarenta preguntas para tu abuela). Con él suele funcionar mejor el taller, el campo, la obra, el camión o la oficina.
Cómo hacerle las preguntas sin que se cierre
Cuatro consejos, en corto. El método completo está en cómo entrevistar a tus abuelos.
- Haced algo mientras habláis. Un paseo hasta el bar, arreglar algo en el trastero, mirar juntos un partido sin sonido. Muchos hombres hablan mejor de lado que de frente.
- Pide que te enseñe, no que te cuente. «Enséñame cómo se hacía» abre más que «háblame de tu trabajo». Si conserva herramientas, ponlas sobre la mesa.
- Pregunta por los demás. «¿Quién era el más gracioso de la cuadrilla?» le resulta más fácil que «¿cómo eras tú?». Y al hablar de los otros, se retrata él.
- Respeta el «eso no tiene interés». No discutas. Pregunta un dato más pequeño y sigue: el nombre de la calle, el precio de algo, la marca de la bicicleta.
Las 40 preguntas, capítulo a capítulo
Van en el orden de los capítulos de una vida. No hace falta seguirlo ni hacerlas todas: tres o cuatro por conversación, y las repreguntas que salgan. Debajo de algunas va el porqué.
De dónde viene
- ¿Qué se veía desde la puerta de la casa donde te criaste? Mejor que «cómo era tu pueblo», que casi siempre acaba en «normal».
- ¿A qué se dedicaba tu padre, y alguna vez fuiste con él a trabajar?
- ¿Cómo llamaban a tu familia en el pueblo? ¿Teníais mote, y de dónde venía? En muchos pueblos españoles el mote pesaba más que el apellido. Detrás de cada uno hay una historia.
- ¿Qué decía tu abuelo que tú todavía dices?
La infancia
- ¿Qué trabajo te tocaba hacer de niño, antes o después de la escuela? Guardar el ganado, llevar recados, ayudar en la tienda. Para muchos chicos de entonces, la infancia venía con faena.
- ¿Con quién hacías trastadas, y cuál fue la gorda?
- ¿Cuál fue el primer juguete que tuviste de verdad, y quién te lo hizo o te lo compró?
- ¿Cómo eran las fiestas del pueblo cuando eras crío?
La escuela
- ¿Cómo se llamaba tu maestro, y qué castigo ponía? Los castigos de la escuela de entonces se cuentan con una mezcla de risa y asombro. Deja que salgan las dos cosas.
- ¿Cuántos erais en clase, y qué fue de tu compañero de pupitre?
- ¿Hasta qué edad estudiaste, y quién decidió que lo dejaras? Si le sacaron pronto para trabajar, aquí aparece. Pregúntalo sin pena: buscas la historia, no el lamento.
El oficio
- ¿Quién te enseñó tu oficio, y cuál fue la primera cosa que te mandó hacer? Es la pregunta que da título a esta lista. Casi todos los hombres de su edad tuvieron un maestro que no salía en ningún título, y lo recuerdan con nombre y apellido.
- ¿Cuánto cobraste el primer mes, y qué hiciste con ese dinero?
- ¿Cómo era un día normal de trabajo, desde que sonaba el despertador hasta que volvías a casa?
- ¿Qué sabías hacer que hoy ya no sabe hacer casi nadie?
- ¿Cuál fue el peor jefe que tuviste, y el mejor?
- ¿Tuviste algún susto o accidente trabajando? Muchos oficios de entonces eran peligrosos de verdad. Si no quiere entrar en detalles, se pasa a la siguiente.
Si el trabajo da para mucho, en memorias de una vida laboral hay más ideas para tirar del hilo.
La juventud y la cuadrilla
- ¿Quiénes eran tu cuadrilla, y dónde os juntabais? Los amigos de los dieciocho años son una ventana que en casa casi nunca se abre. Pregunta por cada uno, con su nombre.
- ¿Cómo te fue en la mili? ¿Dónde te tocó, y qué te trajiste de allí? Para muchos fue el primer viaje lejos de casa. En el servicio militar explicamos cómo sacar de ahí algo más que las anécdotas de siempre.
- ¿Cuál fue tu primera moto, tu primera bicicleta o tu primer coche, y adónde fuiste con él? El 600, la Vespa, la Montesa: cada uno trae un viaje. Hay más en el primer coche de la familia.
- ¿Qué hacíais un sábado por la noche con cuatro duros en el bolsillo?
- ¿Qué querías ser de joven, y qué pasó con eso?
El amor y la boda
- ¿Dónde viste a la abuela por primera vez, y qué le dijiste? Te sabes la versión de ella. La de él suele ser distinta, y más corta, y por eso vale la pena repreguntar.
- ¿Cómo te las apañabas para verla sin que se enteraran en su casa?
- ¿Qué tuviste que hacer o ahorrar para poder casarte?
- ¿Cómo era el primer piso, y quién lo amuebló?
Los hijos
- ¿Cómo te enteraste de que ibas a ser padre, y dónde estabas cuando nació mi madre (o mi padre)? A muchos hombres de entonces no los dejaban entrar. Pregúntale dónde esperó.
- ¿Qué travesura de mi madre (o de mi padre) nunca me han contado?
- ¿Qué querías darles a tus hijos que tú no tuviste?
Su época
- ¿Qué noticia de la radio o de la tele recuerdas dónde la oíste?
- ¿Quién del pueblo se fue fuera a trabajar, y volvió alguno? Alemania, Suiza, Barcelona, Madrid. Si se fue él, ahí tienes un capítulo entero. Lo contamos en la emigración de los años 60.
- ¿Qué costaba entonces un café, un periódico o una entrada de fútbol? Los precios son la mejor máquina del tiempo. Apúntalos tal cual los diga.
- ¿De qué no se hablaba en voz alta cuando eras joven? Con cuidado, y solo si sale. Si no quiere entrar, la siguiente.
Lo que le gustaba hacer
- ¿Qué afición has tenido toda la vida, y quién te la pegó? La caza, la pesca, el dominó, el huerto, el fútbol, la petanca. Lo que hacía en su tiempo libre dice mucho de quién es.
- ¿Qué partido, qué viaje o qué fiesta no se te olvida?
- ¿Qué canción cantabais en la cuadrilla? Si se anima a cantarla, ten el móvil grabando.
Las pérdidas
- ¿Qué amigo o compañero te gustaría que siguiera aquí, y qué haríais juntos hoy? Por el amigo se entra suave. Si quiere seguir, seguirá. Si no, se respeta y se cambia de capítulo.
Lo que nunca le han preguntado en casa
- ¿Qué decisión de tu vida tomaste tú solo, sin consultar a nadie? Es de las que casi nadie hace a un abuelo. A veces la respuesta es pequeña y a veces cambia lo que creías saber de la familia.
- ¿Qué es lo que mejor te ha salido en la vida? Le costará contestar. Espera. No vale «mis hijos» a la primera: pídele una cosa concreta.
- ¿Qué te gustaría que supieran de ti tus nietos, y que nadie les ha contado? Es la última por algo. Deja que piense. Lo que diga es la mejor línea de todo lo que hayas apuntado.
Si contesta con monosílabos
Pasa, sobre todo las primeras veces. No es mala señal: es que todavía no se cree que de verdad quieras saberlo.
Tres cosas que suelen funcionar:
| Si dice… | Prueba con… |
|---|---|
| «No me acuerdo» | Un dato pequeño: el nombre del bar, la matrícula, el número del autobús |
| «Eso no tiene interés» | «Pues a mí sí. ¿Cómo se llamaba el encargado?» |
| «Lo de siempre» | «Cuéntame un día concreto. El primero que te venga» |
Y no subestimes el teléfono. Hay abuelos que en persona se escabullen y por teléfono, en su sillón y sin nadie mirando, se sueltan a hablar media hora.
Qué hacer con lo que te cuente
Apúntalo el mismo día, aunque sea en cuatro líneas: qué contó, qué nombres salieron y qué te quedó por preguntar. En la siguiente conversación, léele lo que apuntaste. Casi siempre corrige algo («no, el camión era un Pegaso»), y al corregirlo cuenta otra cosa.
Si puedes, graba su voz (con su permiso). Dentro de unos años, oírle contar cómo se injertaba un almendro valdrá más que cualquier foto.
Y si quieres llevarte las preguntas impresas, tienes la guía de las 12 preguntas, una por capítulo, para dejarla en la mesa del salón o junto al teléfono.
¿Y si mi abuelo no quiere hablar de la guerra o de la posguerra?
No hace falta. La vida de una persona tiene doce capítulos y se puede contar entera sin entrar en lo que no quiere tocar. Si un día lo saca él, escucha. Si no, se deja.
¿Cuántas preguntas le hago cada vez?
Tres o cuatro del mismo capítulo, y las repreguntas que vayan saliendo. Media hora suele ser buena medida. Mejor cortar con ganas de seguir que llegar al final cansados los dos.
¿Sirven estas preguntas si mi abuelo trabajó en una oficina?
Sí. Cambia el taller por el despacho y pregunta lo mismo: quién le enseñó, cómo era un día normal, qué jefe recuerda, qué sabía hacer que hoy hace una máquina. Cualquier oficio da historias si se pide la escena.
¿Y si se emociona?
No cambies de tema de golpe. Espera y deja que pase. Luego pregúntale si quiere seguir o prefiere dejarlo para otro día. A veces la emoción es solo la sorpresa de que alguien quiera saberlo.
Si prefieres que lo haga Carmen
Puedes hacerlo tú, y merece la pena intentarlo. Lo que suele pasar es que la conversación del domingo se cruza con la vida, y la historia del primer trabajo se queda para otro día que no llega.
Para eso existe La llamada de su vida. Carmen, nuestra entrevistadora (es virtual, creada con inteligencia artificial, y se lo dice a tu abuelo en el primer minuto de la primera llamada), le llama doce veces por teléfono, a la hora que él elige, a su fijo o a su móvil de siempre. Nunca tiene prisa, repite si hace falta y se acuerda de cada nombre de una llamada a otra. De esas conversaciones escribimos un libro terminado, en primera persona y con su propia voz, con su árbol familiar, la cronología de su vida y los audios originales. Él solo tiene que descolgar. Y si la primera llamada no le convence, te devolvemos todo. Cómo sería para él lo contamos en la página para tu abuelo.
Gratis · Una pregunta por capítulo, para la próxima conversación
Doce llamadas a su teléfono de siempre · Si la primera llamada no le convence, te devolvemos todo